domingo, 13 de abril de 2008

excs


Provenientes de canteras distintas, las dos visiones muestran extremos tan opuestos que en su radicalidad nos plantean un sentido de vértigo ante el exceso. Exceso del que participamos cotidianamente, pero sintetizado esta vez en la sala expositiva, en una perspectiva contrapuesta de opulencia versus miseria extrema, artificio cosmético versus violencia física, destrucción y masacre.
Contrastes de alta definición, en una época de aceleradas transformaciones globales. En ninguno de los dos casos se puede hablar de exotismo ni menos de purismo documental, pues el manejo iconográfico es consciente de la historia del arte y la visualidad contemporáneas. Piénsese mejor en dramaturgia donde tanto el juego kitsch como el fotoperiodismo buscan nuevos modelos de clasicismo, aunque todo alrededor se esté derrumbando.
Tal vez por ese lado, este arriesgado proyecto expositivo logra un balance que da buena cuenta de los extremos de la cultura contemporánea y, en perspectiva, de la fugacidad y fragilidad de lo que llamamos civilización y cultura. Dos temas de ardiente discusión actual confrontados –como nos hallamos– con los problemas del diálogo intercultural y las crisis de los modelos políticos. ¿Memento mori? Quizás solo otras huellas de nuestras obsesiones y ambiciones humanas.

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